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Entre las expectativas culturales occidentales sobre el sexo está la idea de que éste debe ser espontáneo y apasionado. Si estas visiones asociadas a la cultura de lo que "debería ser" la relación sexual no se cumplen, los amantes pueden sentirse tan decepcionados como para retirarse de la relación sexual, dejando de explorar y gozar de otras posibilidades sexuales.
Los hombres y las mujeres homosexuales con EM se enfrentan a una "doble desventaja" cultural. La EM tiende a marginalizar a las personas en la sociedad, marginalización que las asociaciones de EM y otras organizaciones combaten mediante programas de educación, difusión y apoyo. A los homosexuales con EM puede resultarles extremadamente difícil combatir el aislamiento en la sociedad, ya que puede resultarles difícil hablar abiertamente de sus preocupaciones sobre intimidad y sexualidad con las personas que les atienden, el personal de una asociación de EM, la familia o los parientes. La realidad de tener que enfrentarse a la propia vulnerabilidad sobre un tema delicado y la posibilidad de verse estigmatizado o rechazado por aquellos a los que se pide ayuda es otra carga más.
En las sociedades occidentales, las mujeres son particularmente susceptibles de tener una imagen corporal negativa que las discapacidades relacionadas con la EM pueden exacerbar. Igualmente, los hombres con EM pueden considerar que están muy lejos de vivir a la altura de cierto papel internalizado, por ejemplo el de ser el "proveedor de la familia", el de realizar proezas físicas o el de ser quien inicie la actividad sexual. A veces, la lucha con unas expectativas internalizadas sobre el papel a representar ante sí mismo y ante su pareja pueden llevar poco a poco a dejar de considerarse, o que el otro le considere, sexualmente atrayente. Este proceso puede acelerarse si el miembro "sano" de la relación es el encargado de proporcionar una parte importante de la ayuda y los cuidados a su compañero "enfermo" o "discapacitado". Es difícil relajarse y divertirse cuando el prestar cuidados se convierte en una parte importante de una relación. A estos cambios de los papeles puede acompañar la sensación creciente de aislamiento en la relación y el entender menos los intereses de la otra parte. La capacidad cada vez menor de entender estas cuestiones y trabajar en ellas crea todavía más aislamiento y malentendidos, con lo que el resentimiento mutuo puede aumentar.
Las soluciones a la pérdida de la intimidad que se deriva del cambio de los papeles y de los conflictos con la asociación cultural de lo que es la propia imagen no son sencillas. Puede servir de ayuda desarrollar un lenguaje en el que se hable cómodamente sobre sexualidad e intimidad, aunque existen barreras culturales cuando se trata de los matices de los sentimientos sexuales e íntimos. También pueden facilitar dichas discusiones los materiales de educación y los recursos, que se pueden conseguir a través de las Asociaciones de Esclerosis Múltiple del país propio. Además, en las librerías hay numerosos libros escritos para ayudar a mejorar la comunicación sexual e íntima. Léalos con su pareja, y cada semana dedique cierto tiempo a hablar de lo leído, tanto si es aplicable a su relación como si no. Otro enfoque es dedicar regularmente algún tiempo a la semana sólo a restaurar la intimidad y hablar sobre sexualidad. Así la pareja puede sentirse cada vez más cómoda comunicándose sus deseos y sus diferencias sensuales, sexuales e íntimas. Otra cosa útil, aunque más difícil, es concertar "citas" regulares cuando uno esté totalmente libre de prestar cuidados, atender a los niños o trabajar. Las citas que se concentran en "descubrirse mutuamente" caracterizan la primera fase romántica de la mayoría de las relaciones íntimas, pero con demasiada frecuencia desaparecen bajo las cargas de carreras profesionales, los hijos o las tareas involucradas con la EM. La situación de la EM requiere que las parejas se "redescubran", pues los papeles y las expectativas deben actualizarse o reconciliarse con la situación cambiante de la EM.
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